sábado, 13 de marzo de 2010

II

® Fotografía propiedad intelectual de Ana Lucía De Bastos


por Ana Lucía De Bastos, VIII

abrí mi boca y me tragué al mundo

—llevo en mi pecho al sol—

atravesé los ríos con mis vértebras izadas
Enderecé mis tendones y te pedí

acuéstate,
extiéndete,
alfómbrate

llevo en el alma un manojo de nervios
telarañas de sangre
para soportarte
(como a la luz sostienen
aquel jardín
aquellas hierbas)

mano derecha al pulmón directo
sube la cara
enciéndete

pues las palabras son sólo cajas para esconder otras cajas
y así poderte, pudrirte, decir
“dentro de ellas yaces tú”

que no salen sino gotas de agua los días de lluvia
y gotas de sudor los días de calor

reza conmigo la oración del viento:
arrastra con pétalos pestañas
porque no hay otra lengua más que la del fuego
ni otra sombra que la oscuridad del esternón

(el ojo de la puerta es el ombligo)


2 comentarios:

  1. Alfómbrate. Qué fino fue eso, Ana L. Chócala.

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  2. Lo siento un poco débil, ojalá no sea por algún bajón.
    Manuel. Sí, Manuel.

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